
Las películas que adaptan los éxitos de literatura romántica aburren porque obvian lo más importante: el sexo
Millones de personas contuvieron la respiración al ver a Belly comer melocotones a cámara lenta mientras Conrad vivía algo menos que una experiencia religiosa hace unas semanas; y lo hicieron porque lo que veían era una metáfora de algo muy esperado. La adaptación de las novelas de Jenny Han ‘The Summer I Turned Pretty’ (‘El verano en que me enamoré’) es la sensación del verano: su temporada 3, con más de 25 millones de visualizaciones en la primera semana de su estreno, polariza más que nunca a su audiencia con la batalla entre Team Conrad y Team Jeremiah.
Esta particular relectura del clásico ‘Sabrina’ cuenta con millones de adeptos, pero algo que ha revolucionado y sorprendido a sus seguidores son varias escenas, en concreto de los episodios 5 y 6, entre lo que está ese festín de melocotones. ¿La razón? Por fin nos sumergimos en el aspecto más íntimo de la relación entre Belly y Conrad, y lo innegable de su deseo mutuo. No es sorprendente que la audiencia de Prime Video se haya vuelto loca en redes sociales, y que no deje de compartir momentos de estos dos últimos episodios; porque los lectores y miembros de BookTok adoran el smut.
Y es que, gracias a esta jerga en inglés, utilizada en la comunidad lectora global, los enamorados de la romántica hacen suyos términos como smut (vulgar o indecente) o spicy (picante) para hablar o señalar escenas pasionales y sexuales que encontramos en el género. Hacer referencia a esa parte intrínseca de la mayoría de novelas de romántica nos ayuda a conocer la parte más desconocida de los personajes y la naturaleza de la relación, ayudando a comprender ese aspecto más irracional de ciertas conexiones que encontramos entre las páginas.
El auge del smut
El desarrollo y el tono de estas escenas son, muchas veces, el reclamo de las novelas de romántica actual, en especial en el romantasy y omegaverse, pero su diferencia con el género de erótica es bastante claro. En el romance las escenas de sexo son un complemento que ayuda en la representación de personajes o en la trama, y no es el sustento de la historia, si no más bien un elemento añadido de la narración; en la erótica, el peso son esas escenas sexuales y la trama es algo secundario sin mayor importancia.
‘El verano que me enamoré’.
Desde una perspectiva más informal y para el deleite de las redes, el alcance de este tono sexual en historias como el romantasy ha pasado a tener su propia categoría, el fairie smut o lo que sería en castellano “porno de hadas”, aludiendo a esos seres sobrenaturales que inundan esas historias. Pero abordando el tema más allá de la tendencia o lo anecdótico, lo cierto es que temas como el deseo, el consentimiento y la intimidad no es algo que se quede en el ámbito de una moda pasajera o una micromoda de los lectores de romántica contemporánea.
Este retrato de lo carnal y cómo intercede en el camino de personajes ha preocupado a numerosos autores desde hace varios siglos. Quizá uno de los ejemplos más representativos y que es ampliamente conocido es la obra del siglo XX ‘El amante de Lady Chatterley’, donde para hablar del derribo de clases sociales y el encorsetamiento de la sociedad de la época su tratamiento explícito del deseo sexual fue esencial.
Duncan Stewart, analista especializado en medios de comunicación, tecnología y edición de libros, habla de esta temática imperecedera en el género y como el contenido sexual en romántica ha tenido un resurgimiento:
“Siempre ha existido un género romántico más explícito sexualmente, pero no se consideraba mainstream (…) la fantasía romántica está haciendo un trabajo extraordinario al reflejar, no solo la sexualidad humana moderna, sino específicamente la sexualidad de las personas menores de 30 años.”
‘Call Me by Your Name’ supo entenderlo.
Que la romántica sea la narrativa con más crecimiento, y por lo tanto con un público masivo y joven, hace que este aspecto sexual e íntimo en la narraciones de romántica haya cambiado de categoría y percepción. Ya no existe ese estigma ni la vergüenza que rodea a esta ficción, y las mujeres, ahora más que nunca, disfrutan y publican su conexión con este tipo de lecturas. De hecho la búsqueda de estas novelas con contenido adulto ha aumentado en un 78 % en el último año.
“Pero la verdad es que estas novelas son empoderadoras, fomentan la empatía, son una vía de escape y ayudan a los lectores a reconocer sus propias fortalezas. Y una diferencia importante ahora es que a los lectores simplemente no les importa cómo perciben los demás lo que les gusta leer. Hay una refrescante falta de vergüenza ahora entre los lectores y eso me parece estupendo.” Tessa Baley
Ese cambio de foco y ese renacimiento de lo explícito consigue poner a la sexualidad como uno de los elementos centrales, incluso como elemento estético de la narración. Abrazar este aspecto de la literatura que consumimos consigue crear debates en redes sobre consentimiento, libido y el autoconocimiento sexual gracias a la lectura, incentivando una conversación abierta y segura sobre el deseo femenino.
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Incluso ha abierto la puerta a que expertos se sumen a la conversación, lean aquello de lo que tanto hablan sus pacientes y den una perspectiva profesional sobre este fenómeno, llegando a la conclusión de que este tipo de lecturas aportan beneficios reales para el bienestar sexual de las mujeres.
Autoras como Sally Rooney, maestra de escenas íntimas (imprescindibles en su narración) que muestra esa conexión radiante y visceral acompañada de adictivos monólogos internos; Tessa Baley, la reina del dirty talk, acercándonos a una intimidad más carnal en una narración más liviana; la exitosa Ali Hazelwood, Talia Hibbert, Sarah J. Maas o Jennifer L. Armentrout desenvuelven de manera orgánica estas escenas eróticas como vehículo para desarrollar las relaciones, mostrar vulnerabilidad y avanzar en los conflictos emocionales que se nos van presentando.
Queda claro que el mundo editorial y el público está entregado al género, así que la consecuencia lógica y cada vez más frecuente son las adaptaciones a pantalla de éxitos de la ficción romántica. Las adaptaciones son un tema controvertido, y es difícil que la audiencia acepte los cambios que estas implican. No obstante, con un texto base jugoso, un desarrollo de trama y personajes que enamora a los lectores y unos fans entusiasmados con las noticias de este paso a la pantalla, el éxito del producto debería estar casi asegurado.
Entonces, ¿Por qué en muchas ocasiones sentimos que algo falla en las películas que adaptan estas novelas? ¿Qué falta?
La intimidad se pierde en la gran pantalla
No parece que esta sensación de vacío tenga que ver en su totalidad con decisiones de casting, productoras o un desvío en la trama original. La respuesta, por norma general, la encontramos en el propio smut o en este caso, la falta de él.
Desde el año 2000 el contenido sexual de las películas de Hollywood ha disminuido un 40% y, es que la mitad de los éxitos taquilleros prescinden por completo de escenas íntimas. Lo que llama la atención es que elementos como la violencia o el consumo de drogas se mantienen en los mismos porcentajes. La industria se ha vuelto más reticente a explorar estas secuencias íntimas y más que nunca asistimos a un fundido a negro en las escenas sexuales.
El cine se ha vuelto mogijato.
Este reciente puritanismo que inunda la meca del cine puede deberse a diversos factores: la falta de voluntad de ciertos actores de prestarse a este tipo de escenas (incluso hoy cuando la presencia de los coordinadores de intimidad en los sets es obligada), los estudios que afirman que los adolescentes prefieren ver historias sobre amistad antes que románticas o sexuales, o incluso un detonante más práctico, el coste en tiempo y dinero que implican estas escenas son motivos que nos arrojan luz sobre esta disminución.
El cine parece huir de controversias y de campañas y promociones que se basen en la naturaleza sexual de las películas como ocurrió con ‘Pobres Criaturas’,’All of Us Strangers’, ‘Babygirl’ o ‘Saltburn’.
Y es cierto que, muchas veces, las campañas publicitarias o las entrevistas a los actores solamente giran en torno a lo explícito de la película, dejando de lado qué quieren contar con ese recurso. Pero, así como ‘Saltburn’ no sería lo mismo sin lo provocativo de sus escenas, ‘Pobres Criaturas’ sería otra historia si Emma Stone no viviera ese despertar sexual, o Luca Guadagnino no sería el mismo director sin explorar el deseo y la identidad; lo mismo ocurre con las adaptaciones literarias. Si las privamos de esa sensualidad y sexualidad, se pierde uno de los núcleos y atractivos de la historia.
Lili Reinhart, la protagonista y productora ejecutiva de la adaptación de ‘La Hipótesis del Amor’, despeja las dudas de los fans sobre la categoría del contenido sexual que se podrá ver en la película.
Para las adaptaciones, la tónica es usar la fórmula de las rom-com tradicionales: escenas íntimas que equivalen a tópicos visuales como una escena de puerta cerrada o fundido a negro. Esto no tiene porque ser un problema si conseguimos ver esa complicidad mediante otros métodos (os acordáis del melocotón del primer párrafo, ¿no?), pero en muchas ocasiones esto no ocurre. Películas como ‘La idea de tenerte’, ‘Cariño, cuanto te odio’ o ‘Romper el círculo’ fallan precisamente en ese punto.
¿En que se supone que tenemos que apoyarnos para creernos una relación con tensión sexual y una conexión de la que los protagonistas no pueden huir? Representar un beso casto, una mirada furtiva o una sucesión de citas en un montaje acelerado pocas veces convence, sobre todo cuando hay un material base del que pueden nutrirse.
En el terreno patrio tampoco estamos mucho mejor. El mismo problema lo encontramos en la, tan querida por los jóvenes, saga ‘Culpables’, donde la conexión y pasión brilla por su ausencia. Y, donde quizá en los productos nacionales ese puritanismo se deja más atrás, lo cierto es que, al intentar mantener la esencia erótica del libro, esta se desdibuja y se realiza un contenido burdo y simple; al menos en algunas adaptaciones, como ha ocurrido con la obra de la escritora española Megan Maxwell. ‘A qué estás esperando’ imitando la paleta de colores y queriendo ser un trasunto de ‘Valeria’ falla estrepitosamente, al igual que ‘Pídeme lo que quieras’ .
Volviendo a un punto inicial, no se trata de desnudos, si no de usar el lenguaje cinematográfico en pro del erotismo.
Las series nos dan esperanza
Pero no todo está perdido para los amantes de las adaptaciones románticas. Como casi único reducto para fiarnos de esa representación tan íntima nos quedan las series. Y no hablamos de mostrar desnudos por doquier o representaciones simples de erotismo, de hecho nos encontramos con el menor número de escenas de desnudo desde 2005 en series de televisión. Lo que no hace más que demostrar que la representación de la intimidad y la pasión va más allá de enseñar.
‘Normal People’ le puso más picante al asunto.
Si hacemos repaso de las series basadas en éxitos literarios y que han conquistado a los espectadores de las plataformas, encontramos un denominador común: todas ellas mantienen el aspecto sexual que enriquece a la obra original e impulsa la narración. Un caso significativo, y que ha marcado a casi toda una generación es ‘Normal People.’ Si al trasladar a la pantalla nos desprendemos de todas o la mayoría de las escenas de sexo, algo clave en la narración de Rooney, tendríamos como resultado una obra mediocre en la que no conseguiríamos entender uno de los puntos cruciales en la conexión entre Connel y Marianne.
Uno de los atractivos y reclamos de ‘Outlander’ y de su reciente estrenada precuela ‘Sangre de mi sangre’ no se basa en su contexto histórico y lo bien representada que pueda estar la batalla de Culloden, es, ni más ni menos, la conexión emocional y el romance apasionado que emanan los protagonistas de Diana Gabaldon. Nuevamente, la serie no reniega de mostrar esa pasión e intimidad que encontramos en las páginas.
‘Tell me lies’ se entrega por completo a la obsesión y toxicidad de algunas relaciones. En ese camino, qué mejor vehículo que mantener también ese aspecto desinhibido y sexual que experimentan sus protagonistas en pantalla. De nuevo, aunque hablemos de que la carga erótica de estas series es elevada, no estamos en absoluto en un concurso por ver qué serie es la más explícita. El mayor ejemplo de esto los encontramos en ‘El verano en que me enamoré’ o ‘Maxton Hall’ éxitos absolutos que respetan el contenido original representando esa sintonía física y emocional. Es algo tan simple como que los lectores quieren que se respete la naturaleza de las relaciones que leen y los espectadores, creerse la relación que ven en pantalla.
En un momento en el que nos enfrentamos a la época de mayor número de adaptaciones de romántica en pantalla, tenemos que recordar que el sexo sigue siendo el eje central de muchas obras de ficción y necesitamos narrativas que hablen de ello: de su cotidianidad y de su trascendencia. Si algo nos demuestra esta ola de romantasy y romántica contemporánea es algo más profundo, y eso es la necesidad de las mujeres de verse representadas, de ver y leer espacios imaginados por y para ellas. Y, si eso no lo encontramos en las películas, tendremos que seguir confiando en las series.
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La noticia
Las películas que adaptan los éxitos de literatura romántica aburren porque obvian lo más importante: el sexo
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Xataka
por
Lara Ben-Ameur
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